Trabaja para vivir, pero ni se te ocurra vivir para trabajar… trabaja para mantener una amistad, y también para conseguir un trabajo. trabaja para pagar un piso y trabaja para mantener esa relación que quieres que acabe en un piso compartido. sigue trabajando. sueña con mejorar trabajando y trabaja mejor. también la familia se trabaja. la convivencia se trabaja. el aspecto se trabaja. cambiar las cosas que no nos gustan de nosotros mismos? trabaja para cambiarlas. la fuerza de voluntad se trabaja. el amor, el cariño, la confianza, la amistad, la superación… mejora al trabajarlo. no hay paro en el trabajo que cada uno hace para uno mismo.
asi que os deseo a todos en este año nuevo que SIGAMOS TRABAJANDO.
- hoy va a llover…parece que va a llover- pensó Julián en voz alta, mientras alzaba su mirada al cielo. y sus ojos se cruzaron con una enorme masa oscura que le hizo preguntarse: las nubes, ¿precipitan o se precipitan?
me ha pillado la Navidad un poco cansada. Supongo que la razón es, fundamentalmente, el no recibir de los demás lo que yo doy. frente al interés, desinterés. frente a la ilusión, desilusión. frente al trabajo, hastío. a veces pasa. puede parecer una razón un poco egoísta pero cuando la materia a valorar no es el dinero sino el tiempo, las palabras o el apoyo, creo que el egoísmo se diluye y deja paso a la empatía (o a la falta de ella…)
tengo alrededor a cierta gente que no es empática, si.
pero es navidad y me recuerdo a mi misma que antes de eliminar a alguien del facebook, dejar de ser tan simpática o simplemente querer, antes de eso están los buenos deseos. no tiene sentido decir a diestro y siniestro “feliz navidad” o ” que tengas unas buenas fiestas” si en realidad te miro a los ojos y estoy pensando “gilipollas que te den por culo”.
por eso, desde aquí, desde mi espacio, mi rinconcito virtual, os mando a todos vosotros mis buenos deseos para esta fechas y antes me los aplico para mi, los interiorizo y …
Sus mensajes salpican Madrid. Están por todas partes, en las paredes de las sucursales de bancos, en las vallas de los parques, en las calles de Vallecas, Argüelles, Portazgo, Lavapiés. Son grafitis sencillos, con caligrafía casi infantil, toscos, feos. Pero son a la vez versos impactantes, minipoemas críticos, golpes a la conciencia.
“Que repatríen las patrias”. Los hace de madrugada, a las tres de la madrugada, porque sabe que a esa hora se retira el último turno de policía. Vuelve siempre para fotografiarlos, y firma como Neorrabioso.
Desde que murió su padre, de un cáncer de pulmón, vive obsesivamente para leer y escribir. Por eso trabaja de noche como conserje, para dedicar toda su jornada a la literatura. Dice que en un año ha devorado 400 libros, tantos como grafitis ha pintado por Madrid. Los vecinos no saben que su conserje es poeta. Y que el poeta también es grafitero.
Llega sin dormir, porque viene directamente de trabajar. Es mediodía y el asfalto de Príncipe Pío parece haber entrado en combustión; viste camiseta blanca y zapatillas de deporte. Delgado y de facciones afiladas, no aparenta 37 años. Alberto Basterrechea Martínez es Neorrabioso, poeta desde hace siete años y grafitero desde hace tres.
Pide una caña y se pone a hablar. Sin rodeos.
Su filosofía de vida es peculiar. No cree en la propiedad intelectual, y promete que no ganará nunca dinero con la poesía: “Para algo que hay en mi vida bonito, no quiero mancharlo con dinero”. Todos los textos que cuelga en los dos blogs que gestiona (neorrabioso.blogspot.com y batania.blogspot.com) “puede usarlos, modificarlos, y atribuírselos quien quiera”. “Inmigrantes, vosotros sois el mar de Madrid”. Poesía-susto. Así llama lo que hace. “Es la que lees porque la encuentras sin avisar, la gente rechaza todo lo que huele a verso”. Con ella reacciona, protesta sobre lo que le indigna. “Se tarda tanto / en caer / de un andamio / si eres / búlgaro, / si eres / marroquí, / si eres / rumano, / que los diarios / publican tu muerte / cuando aún / vas por el aire”, escribe en uno de sus últimos poemas.
“Creo, como Gamoneda, que la poesía puede intensificar nuestra conciencia”. Sus aerosoles aparecen siempre en lugares públicos, nunca en casas ni en negocios privados. “Tampoco rompería nunca un cristal, eso es lo que me diferencia de un tío de la CNT”, añade.
Apura la cerveza y se mete en lo personal. “Yo no soy un escritor por vocación, escribo desde que murió mi padre, si me lo devuelven dejo de escribir”. Hasta los 30 años vivió en un caserío de Vizcaya con sus padres y sus tres hermanas. Allí nunca aceptaron que un vasco se casara con una burgalesa. “Mi padre perdió a todos sus amigos”. Por eso se define como “radicalmente antivasco y antiespañol”. También es el motivo por el que firma como Neorrabioso: “En mi primer recital me dijeron que había estado muy rabioso, que hablaba como si estuviéramos en el franquismo… Les contesté que de donde yo venía a la democracia no se la veía por ningún lado”.
El 15-M le ha devuelto la inspiración. La había perdido desde que su novia de toda la vida le abandonó, “cansada de vivir dentro de un poema”. Acampó una semana en la Puerta del Sol, y encontró nueva musa en una de las líderes de Juventud Sin Futuro. “Lo mío ha sido una revolución de amor”. A los indignados les ha dedicado una de sus últimas pintadas. “No somos perroflautas, somos tigreflautas“, decora una pared de ladrillo visto cercana a su casa. Dos mujeres pasan por delante sin dirigirle ni una mirada furtiva.
Los grafitis no son un pasatiempo, son parte de su fórmula, “blog más aerosol más mucha caradura”. Pero su verdadero objetivo es otro: “Vivo con la locura de buscar la gloria”, reconoce sin un ápice de ironía. No queda ya nada de cerveza en el vaso y sentencia: “Me digo, Batania [su otro nombre artístico], tienes que ser grande, intenta ir a por Quevedo”. “Liberqué, igualiquién, fraternicuándo”. El programa Word subraya en rojo sus juegos de palabras: “¿Occidónde? Inmigracias“.
…con todo ese dispositivo de medios no podía encargarse alguien de que no se apagara la luz del descansillo?
(a lo mejor os pensábais que iba a comentar la “destacada” ausencia de Indignados salmantinos después de ser los impulsores de la cobertura mediática; o quizás la actitud arrogante de un hombre que vive en pleno centro de Salamanca y tiene en su salón cuadros de la reina Victoria pero no puede permitirse pagar un alquiler desorbitado de…¿180 euros?; no hombre, este sigue siendo mi blog).
y por eso os quiero mostrar el estado en el que quedó la casa ya desahuciada.
El 16 de diciembre estalló una protesta en Timisoara en respuesta al intento del gobierno socialista de desahucio en contra de Laszlo Tokes, pastor luterano, y su esposa, que a la sazón se encontraba embarazada. Por aquellos días, Tőkés había emitido ciertas críticas hacia el régimen de Ceaușescu en un medio internacional. En su discurso, el religioso acusaba al gobierno rumano de propiciar el odio racial. Tőkés fue destituido de su cargo eclesiástico por el obispo de su iglesia, a petición expresa del gobierno. Además, se le privó del derecho a ocupar un piso al que tenía derecho en tanto fuera miembro de la congregación religiosa. Durante algunos días, los simpatizantes del religioso se concentraron en las inmediaciones de dicha vivienda, con el propósito de evitar el desalojo y desahucio de Tokés. Las personas que pasaban por las inmediaciones de los manifestantes, incluidos algunos estudiantes religiosos de la ciudad, ignoraban los detalles del asunto, pero los simpatizantes del pastor les convencieron para unirse a la protesta, con el argumento de que se hallaban frente a un nuevo intento del gobierno para restringir la libertad de culto en Rumanía.
Los disturbios en Timișoara continuaron al día siguiente (17 de diciembre). Los manifestantes tomaron la sede del Comité del Distrito del PCR, y posteriormente destruyeron documentos oficiales, propaganda política, textos escritos por Ceauşescu y otros símbolos del régimen socialista. Por segunda vez, la multitud intentó incendiar el edificio, pero en esta ocasión se enfrentaron con el ejército. La presencia de las fuerzas militares en las calles de la ciudad implicaba que habían recibido órdenes desde muy arriba, presumiblemente del presidente Ceaușescu. Aunque los militares no pudieron imponer el orden a los manifestantes, su participación convirtió la situación en Timişoara en un polvorín: disparos, muertes, peleas, automóviles incendiados, tanquetas antimotines enfrentándose a los civiles. Después de las ocho de la noche, las calles entre la Plaza de la Libertad y la Ópera de Timişoara se convirtieron en escenario de sangrientos enfrentamientos entre civiles y militares. Tanquetas, camionetas y vehículos blindados bloquearon los accesos a la ciudad, mientras desde el cielo los helicópteros del ejército rumano vigilaban los acontecimientos.
La mañana del 18 de diciembre de 1989, el centro de la ciudad había sido ocupado por soldados y agentes de la Securitate vestidos de civil. El alcalde Moţ convocó una manifestación en la Universidad de Occidente en Timișoara (rumano: Universitatea de Vest din Timișoara), con el propósito de condenar los actos vandálicos del día anterior. Además, Moţ decretó la ley marcial en la ciudad, con lo que quedaron prohibidas las reuniones de más de dos personas en la ciudad, so pena de cárcel. Desafiando el decreto del alcalde, un grupo de treinta jóvenes se concentraron en la Catedral de Timişoara, donde izaron y ondearon la bandera de la Revolución Rumana, que no era otra que la bandera de la república socialista con un agujero en el sitio donde debía portar el escudo. Sabiendo que podrían ser atacados por las fuerzas del orden, comenzaron a cantar Deşteaptă-te, române!(en español, ¡Despierta, rumano!), antigua canción nacionalista proscrita desde 1947 y actual himno nacional de Rumanía. Los manifestantes de la catedral fueron atacados por las fuerzas del orden. Algunos de ellos murieron y sus cadáveres fueron ultrajados en la Plaza de la Victoria. Otros, con mejor suerte, pudieron escapar con vida.
El 19 de diciembre Radu Bălan y Ștefan Gușă visitaron a los obreros de las fábricas de la ciudad, pero fracasaron en su objetivo de convencerlos para que retornaran a sus trabajos. Al día siguiente, grandes contingentes de obreros marcharon por la ciudad. Cien mil obreros se apostaron en la Plaza de la Opera y emitieron protestas en contra del régimen socialista: Noi suntem poporul! (“¡Nosotros somos el pueblo!”), Armata e cu noi! (“¡El ejército está con nosotros!”), Nu vă fie frică, Ceaușescu pică! (“¡No tenemos miedo, Ceaușescu caerá!”).
Entre tanto, Emil Bobu y Constantin Dăscălescu fueron enviados por Elena Ceauşescu a resolver el conflicto. Los comisionados se reunieron con una delegación de los manifestantes, y aceptaron liberar a un buen número de los arrestados en los días anteriores. En contraste, se negaron a aceptar la principal demanda de los amotinados, a saber, la renuncia de Nicolae Ceaușescu. De esta suerte, la situación política en Rumania continuó siendo esencialmente la misma que en los días anteriores.
El 21 de diciembre llegaron a Timișoara varios trenes cargados de obreros procedentes de Oltenia. La intención del gobierno rumano era emplearlos para reprimir las protestas en Timișoara, aunque finalmente los obreros oltenos terminaron por unirse a los manifestantes de la ciudad. Uno de ellos comentó que “ayer, el jefe de nuestra fábrica y el Partido Comunista nos reunieron en el campo, nos armaron con garrotes y dijeron que magiares yhooligansestaban destruyendo Timișoara, y que por ello debíamos venir aquí para ayudar a controlar los disturbios. Pero hoy, sé que eso no era cierto”.
El ejército rumano intervino nuevamente y Timișoara fue declarada ciudad libre de modo oficial.
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El 22 de diciembre se anunció el hallazgo de una fosa con 4.630 personas asesinadas, torturadas y bayoneteadas.3 días después se detallan las atrocidades: “manos y pies cortados, uñas arrancadas, cabezas semiseparadas del cuerpo, caras quemadas con ácido, la mayoría de los cuerpos destripados y sumariamente recosidos.…”. Se trataba de una falsificación. Las imágenes de cadáveres mostradas en los periódicos y en la televisión pertenecían en realidad a cuerpos desenterrados del cementerio de la ciudad.
¿Propaganda comunista? No. El prestigioso filósofo, Giorgio Agamden, lo explica:«Por primera vez en la historia de la humanidad, cadáveres apenas enterrados o alineados sobre las mesas de las morgues fueron desenterrados apresuradamente y torturados para simular ante las cámaras el genocidio que debía legitimar al nuevo régimen. Lo que el mundo entero tenía en vivo ante sus ojos como la verdad en las pantallas de televisión, era la absoluta “antiverdad”, y aunque la falsificación resultara a veces evidente, era de todas formas autentificada como cierta por el sistema mundial de los medios, para que quedara claro que lo real no sería en adelante más que un momento del necesario movimiento de lo falso».
La falsificación era evidente.